Ya me he acostumbrado a verle seguido, tumbado en mi cama, o caminando por la ciudad, comiendo, o fumando. Tiene el mismo nombre de mi vecino, ese niño, Ron (En el blog le llamaré Chrono) , pero es completamente diferente, sin miedo a hablar, con sus extrañas palabras, su mente única, sus gestos, sus ojos.
Al otro día de conocerle, me desperté temprano, era viernes, tenia que ir a la escuela, lo primero que hice fue ver mi celular, para buscar su numero telefónico, pero por alguna razón, el celular no había guardado el numero en la memoria, lo busqué unas veinte veces, pero no estaba, recordé una escena de la noche anterior:
Chrono— ¿Y? Emmm, ¿Puedes salir mañana?
Soel — Sí, seguro, pero... ha! si, ¿A qué hora?
Chrono —A las 7, cuando salgo de la escuela
Soel— ¿Aquí en el bicho?
Chrono— Sí, nada mas donde no...
Todo el día estuve pensando en Chrono, si iría, si se molestaría por no haberle llamado, creo que fui demasiado rápido.
Eran las seis de la tarde, así que salí de mi casa, directo para el bicho, cuando llegue, él ya esperaba sentado en las escaleras, ¿Qué puedo decir?, sólo la charla fluyó.
Ahora, sin miedo ni prejuicios me entregue a sus besos. No puedo explicar con claridad, tengo esa fijación con los besos. Cuando formalizamos la relación fue extraño, pues yo perdido en mi cabeza hice la pregunta, él acepto, fue lindo, pero había alguien que observaba oculto, aquel que aún tiene mi conejo negro, supongo que no hubo dolor para él, ya está atrás.
Después de que Chrono paso de ser mi amigo a algo más, lo empecé a ver mas seguido, en una de esas veces, en las que nos reuníamos, abrió un collar que siempre trae sobre él, donde carga unas cruces, y saco un anillo delgado y dorado, con estrellas grabadas, tomo mi mano y dijo:
—Usa siempre el anillo.
1 flotando también:
Pues muchas felicidades, Que chido. Que dure mucho, mucho. Felices Fiestas.
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